Análisis: Killer Is Dead (PS3,X360)

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De no-se-qué-parte de la mente de Goichi Suda ha salido este rarísimo Killer Is Dead. Y no le digo “rarísimo” por las puras. Aunque los gamers (en especial los fans de Suda 51) estamos acostumbrados a lidiar con situaciones fuera de lo común, este juego por ratos se pasa de la raya. La historia se centra en un grupo de asesinos a sueldo que tiene por encargo –por ejemplo- matar a un vampiro que mata vampiros, detener un tren poseído por un demonio, rescatar la voz de una mujer de manos de un productor musical y matar a un tipo semidesnudo que ha invadido un terreno en la superficie lunar.

Sí, les dije que era un juego raro.

 

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Raros también son los personajes: Mondo Zappa es el protagonista y principal asesino, lleva una espada que absorbe sangre y un brazo mecánico que también es un arma de fuego. Bryan Roses es el jefe de esta organización y tiene más acero en los dientes que en su pierna cibernética. Vivienne es una motociclista de doce brazos que piensa más en dinero que en resultado de las misiones. Y Mika es la ayudante de Mondo y quien se encarga de revivirlo a punta de RCP en cada “continue”.

 

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No tan raro es el sistema de juego en sí. Killer Is Dead es un brawler como, digamos, Devil May Cry, en el que la espada es el arma principal, se encadenan combos, se activan QTEs y se “compran” nuevos movimientos con el dinero y experiencia generados con los cachuelos de asesino. A esto hay que sumarle que se puede pasar a un modo third-person-shooter en cualquier momento para dispararles a los enemigos que tengamos muy lejos o para darnos el gusto de balear a quemarropa a los que tenemos cerca. Todas las misiones del modo historia son similares: pasar de un “fight room” a otro hasta encontrar “mid bosses” y jefes que nos den más reto y nos obliguen a usar un poco más la cabeza. También hay misiones contra-reloj, de búsqueda y habilidad, todas desbloqueables al ir avanzando el modo historia.

 

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Pero las que más llamaron la atención al promocionar el juego fueron las misiones “Gigolo”. Estas misiones se juegan en un modo pseudo-FPS en las que hay que seducir con astucia y regalos a las clientas de Mondo. Echarles una mirada y luego desviarla en el momento justo es crucial para ganar, pero quedarse viendo el escote (y otras partes) de las chicas nos puede hacer acreedores a una sonora cachetada y a la pérdida de la misión. El doble sentido de los poderes de seducción de Mondo seguro les recordará a muchos la técnica de “cargar la espada” de otro juego de Suda, No More Heroes. Y es que la chacota sexual disfrazada de “sensualidad retro” es algo que veremos en más de un nivel.

Fuera de lo inusual de su premisa, otro detalle que distingue a Killer Is Dead es su tratamiento estético. El diseño de personajes y escenarios está hecho en un cel-shading sucio y con un fuerte contraste de colores. Los espadazos arrancan carne y metal, y salpican sangre por todos lados, pero todo en un estilo animado que recuerda a secuencias animadas de antaño (las intros de la series Cowboy Bebop y Lupan The 3rd les pueden dar una idea de a que me refiero). Y para terminar, la música de Akira Yamaoka de verdad nos transporta cincuenta años en el pasado, cuando los temas de James Bond definían lo que era “cool”. Un muy buen trabajo, como era de esperarse.

killboxPara el final me guardo los contras: Killer Is Dead no es el juego más pulido del mundo. La cámara hace lo que le da la gana en espacios cerrados y la mecánica de disparo parece puesta a último minuto y sin mucho planeamiento. Hay armas, como el taladro, que apenas y se usan para encontrar algún bonus escondido – otra cosa en la que no se puso muchas ganas. El doblaje, tanto en inglés como en japonés, no es de lo mejor: En japonés suena correcto aunque genérico, y en inglés parece sacado de algún anime barato de mediados de los 90s. Además, hubo momentos en los que deseaba que Mika muriera solo para no tener que escuchar sus fastidiosos comentarios “kawaí”.

En resumen, Killer Is Dead es un juego de acción estándar, con un par de ideas que no cuajaron del todo pero que puede jugarse si no se toman tan en serio la búsqueda de puntajes y extras. Su acabado gráfico, sobre todo en los “finishing moves”, puede ser espectacular para algunos o un menjunje psicodélico de colores para otros. Pero lo que no se discute es que la historia (el único aporte oficial de Suda 51 a este juego)  es realmente bizarra y atractiva. Sin spoilearles nada, les adelanto que el final es todo un mind-blow, así les haya gustado el juego o no. Recomendado para quienes buscan algo diferente.

Enrique "Junior" Martinez

Analista de la industria del los videojuegos, escritor, blogger, podcaster y ya no me acuerdo qué más.

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